sábado, 13 de octubre de 2007

Reflexión en Homenaje a Grau

Si Miguel Grau, el Peruano del Milenio, aún viviera, estaría preocupado por el presente y futuro del mar peruano. Preocupado por desalojar a Chile del triángulo de mar que ocupa en el sur, dispuesto como estuvo a lo largo de toda su vida, para sumar su sacrificado aporte personal en defensa del país que tanto amó; sin duda apelaría a su acrisolada formación cívica para buscar el derrotero salvador. He aquí la ruta que nos corresponde seguir en esta hora difícil, no por la magnitud de la empresa que es limitada, sino porque la incuria, el desinterés y el malsano pro-chilenismo de nuestros gobernantes de los últimos cincuenta años, a excepción de Velasco, la han convertido en difícil.

De una parte, tenemos la negativa de Chile de reconocer que la frontera terrestre se inicia en el Hito Concordia, a la orilla del mar, como se fija en el Acta Demarcatoria de 1930. Este punto debe resolverse como cuestión previa a la interposición de la Demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para que sirva de sustento a la posición peruana, la misma que debe subrayar que es a partir de ese punto que el Perú aspira a una frontera marítima que sea compatible con el espíritu con que el Perú y Ecuador concurrieron al pedido chileno para resolver los “problemas pesqueros” existentes en aquella época (motivo oficial de la convocatoria) que dio origen al Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954.

En ello no sólo va la paz permanente entre nuestros países, sino un principio universal de justicia: la ley no debe permitir el abuso del derecho. Lamentablemente, a menos que se produjera una rectificación chilena, el asunto cobra visos de violación del Tratado de Paz de 1929 que obligaría al Perú a acudir al Árbitro ó a plantear otra demanda preliminar ante la Corte de la Haya, reclamando el estricto cumplimiento del Tratado de 1929.

El otro problema que avizoramos es nuestra debilidad interna frente a la posible demanda ante la Corte Internacional: desde los antecedentes poco recomendables de algunos de los miembros del cuerpo de consejeros del Ministerio de Relaciones Exteriores, hasta la falta de estudio, confrontación y debate del tema con especialistas nacionales que no han sido llamados a opinar y el presumible reclutamiento de consultores extranjeros en países inadecuados por sus afinidades geopolíticas con nuestro adversario.
Todo este conjunto de circunstancias poco propicias es un factor inquietante, con mayor motivo si nuestro Ministro de RR EE ha declarado haber notificado a Chile que en el próximo mes de Noviembre el Perú va a presentar (¿alegremente?) su demanda ante la Corte, con una precipitación inconcebible en un asunto de tal gravedad e importancia para el futuro del mar territorial peruano, mientras que Chile lleva más de dos años preparando y consultando sus hipótesis de contra demanda.

He oído consistentes argumentos que más conveniente para el país sería presionar por una negociación directa con Chile, propuesta que no comparto habida cuenta que el Perú viene cediéndole graciosamente a Chile todo cuanto éste país ha pedido en los últimos tiempos, lo que nos deja inermes para exigirle nada, no obstante sería oportuno confrontar racional y fríamente ambas posiciones para decidir finalmente por la más prometedora en éstas circunstancias. Es necesario decidir sobre éste punto lo antes posible, pero una vez tomada la decisión, ya no puede haber dudas ni vacilaciones.

Cualquier porción de nuestro mar territorial debe ser defendido con la misma convicción y patriotismo de Miguel Grau. Corresponde a la Marina de Guerra del Perú, heredera de Grau, hablar fuerte y claro, porque desde Angamos, todo el mar Sur Peruano tiene vocación de gloria.

Victor Mejía Franco
De la Comisión Patriótica para la Defensa del Mar de Grau
http://www.comisionpatriotica.org/